Camilo Soares en juicio oral y público

- Abogado Omar Nayar

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Estuve siguiendo el juicio oral y público, donde se estaba juzgando a Camilo Soares por lesión de confianza, y pude ver, haciendo un análisis de lo que se mostró en el juicio oral, que los fiscales, quienes iniciaron la investigación desde la imputación, miraron al derecho penal y procesal penal de forma aislada, como autistas del derecho.
Como siempre decimos, el derecho penal es una ciencia mutable, imprecisa, insuficiente y que necesita de otras ramas del derecho y de otras ciencias para ser más útil. Pero es lo que hasta ahora encontramos, como herramienta, para no matarnos unos a otros cuando se presentan problemas conflictivos.
Más allá de las simpatías o antipatías políticas que pudiera concitar Camilo Soares, el día de hoy, él, solito, desarmó al Ministerio Público que no se esperó un acusado con tanta seguridad y conocimiento, principalmente en su tarea como exresponsable de la Secretaría de Emergencia Nacional y con una noción importante de la teoría del delito y hasta de técnica de litigación, apuntando inclusive los defectos de la fiscalía en su acusación, haciendo de su defensa material todo un dolor de cabeza para el Ministerio Público. Claro que hay que destacar el muy buen trabajo de la defensa técnica ejercida por sus abogados .
Hoy Camilo dejó sin palabras al Ministerio Público, cuando al órgano acusador le llegó su turno de preguntar, que atinó apenas a realizar tres preguntas. Ya no tenía más para ofrecer. Ello ocurrió, no porque la fiscala no tenga capacidad, al contrario, todos la conocemos y sabemos que es una abogada muy dedicada a su oficio. Pero llevar adelante una herencia del mal trabajo iniciado y a medio terminar por otros, quienes se equivocaron desde el principio, hace imposible corregir en un juicio oral, lo mal hecho, por más que se trate del mejor abogado. A la fiscala le tiraron a los lobos para tratar de arreglar la porquería de otros.
El tribunal de sentencia pidió hacer preguntas, pero no se limitó a solicitar aclaraciones, sino que cumplió la función de fiscal, inclusive haciendo preguntas capciosas, repetitivas y solicitando aclaración de una prueba que no fue expuesta o tratada por las partes durante el juicio oral. Así, el tribunal de sentencia (para no contaminarse con el expediente y mantener su imparcialidad) solo se entera de lo que ocurre en el expediente durante el juicio oral mediante la inmediación y la manifestación de las partes.
Hoy, ante nuestros ojos y odios, gracias a la transmisión pública del juicio oral, pudimos ser testigos de que en el Paraguay todos estamos en libertad condicional y que no existe seguridad jurídica; y que el odio, el interés político partidario, la parcela de las mafias organizadas, es mucho más importante que el interés general de vivir con seguridad, con paz, en un Estado de derecho que nos permita ganarnos la vida y desarrollarnos sin terror.
Ojalá que los miembros del tribunal de sentencia actúen conforme a la Constitución, a los tratados, acuerdos y convenios internacionales y al derecho penal y procesal penal. Y por sobre todo, que la sana crítica esté presente a la hora de valorar las pruebas y la justicia sea el sino de su fallo.
En este juicio no vimos muchas pruebas para ser evaluadas, especialmente con relación al Ministerio Público en cuya exposición la orfandad de pruebas fue la constante, y especialmente, se destaca la ausencia de pruebas que rompan con el estado de inocencia del acusado. No es una cuestión de derecha, centro o izquierda, se trata de buscar recuperar la confianza del pueblo en los órganos de persecución y ejecución penal.
La sociedad ya no aguanta más, dejen de ser secretarios de los politiqueros y de jefes de mafias, cumplan su rol de ser representantes de la sociedad y del Estado, para crear las condiciones de seguridad jurídica y así avanzar hacia un país viable en el concierto de las naciones y ganarnos el respeto para ser libres e independientes.
Humildemente, creo que no hay otra posibilidad en este caso que la absolución, por lo menos por duda.
Si tanto odio le tienen sus enemigos políticos a Camilo Soares búsquense otra ocasión para dañarlo, porque con una condena van a dañar a la seguridad jurídica del Estado y lo van a convertir a él en una víctima, en un perseguido político, al condenarlo sin pruebas que rompan su estado de inocencia, y, será Camilo Soares quien capitalizará, si no la simpatía, por lo menos la empatía del pueblo y una vez más quedaremos como un país incivilizado ante la comunidad internacional y como ahuyentadores consuetudinarios de inversiones.