Flyers para tu emprendimiento
Sergio Etcheverry

Ya lo escuchamos diez millones de veces (y lo seguiremos haciendo): una crisis es una oportunidad. De mejora. De quitar lo viejo y dar espacio a algo nuevo y mejor.
El (la) COVID-19 fue un duro golpe para la educación paraguaya, que de golpes entiende y mucho. Este año lectivo de casi quietud podría haber sido utilizado para replantear y por qué no, refundar la educación.
Me temo que una simple letra lo cambió todo y la pandemia la terminó por refundir.
El parate obligado de las clases presenciales debió utilizarse para afirmar las clases digitales, pero no: se limitaron a dar las clases físicas “normales” por Internet… y eso no es enseñanza virtual.
En lugar de significar una igualación para los estudiantes con posibilidades y aquellos sin posibilidades, el coronovirus significó el ahondamiento de una brecha ya de por sí muy amplia.
Acostumbrados a la práctica del “espejito dime quién es el más bonito”, las autoridades siguieron dando palos de ciego y dando estadísticas de dudosa comprobación y casi segura falsedad.
Mientras en el interior (y no solo en el interior) los docentes y alumnos se quejan de las clases virtuales, el ministerio afirma que la educación llega al 90%, cuando gran parte de los alumnos sufren para cargar paquetes de datos y la señal se corta.
Y esto es solo en el aspecto netamente educativo: en el aspecto de infraestructura, el golpe es demoledor: pruebe usted dejar su casa cerrada por meses y después vea cómo está. Si los ladrones no entraron y llevaron todo (como ocurrió en muchas instituciones educativas), el tiempo habrá actuado sobre las paredes, los pisos y los techos (si es que no se han caído).
En lugar de un borrón y cuenta nueva, el ministerio se ha dedicado a seguir con los cuentos viejos y mostrarnos un borrador impreciso de “clases híbridas”, que no sabemos muy bien qué es, para quién ni en qué momento se darán y en lugar de concordar con todos los sectores, se ha alejado de los docentes, de los estudiantes, de los comunicadores y hasta del sentido común.
Este no solo es un año perdido para la educación: es una bomba cuyos efectos lo sentiremos por mucho tiempo.
Digo yo, que no sé nada.