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Sergio Etcheverry
Sergio Etcheverry

La Justicia paraguaya ha dado un paso al futuro: del famoso “el tanteo es libre”, pasó al “toqueteo es libre”.

Al menos, eso puede deducirse del polémico fallo que liberó al sacerdote que “manoseó” los pechos de una joven ayudante de la iglesia en Limpio, y no es que “se piensa que la manoseó”, el hombre de Dios lo reconoció).
“No es acoso”, dijo uno de los jueces, porque “fue una vez nada más”… curioso razonamiento.
“No es acoso, porque no había relación de dependencia” (¿acaso puede dudar cualquier persona con medio dedo de frente que un sacerdote en una iglesia tiene la palabra mayor?… el que desconoce esto nunca estuvo en una parroquia o mira para otro lado).
Como el pensamiento es libre, me hago unas cuantas preguntas:
-¿Puede cualquiera de nosotros tocar a una compañera de trabajo “una vez”?, ¿o el fallo rige solo para los curas?
-¿Podrán ellas tocarnos a nosotros, los hombres?
-Si ella no dice nada, ¿podemos seguir tocándola?
-¿En serio la sentencia no daba ni para un castigo simbólico?, por ejemplo, un kilo de harina por 12 meses a un comedor, ¿nada de nada?
Y finalmente, si el toqueteo se declara libre… ¿abrimos la puertita para “fue la puntita nomás?”; y disculpen la grosería… después de todo, no es tan grosera como este fallo judicial.