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Hace algunos años, se pensaba que el suelo era un recurso eterno. Y tanto es así, que en contabilidad el suelo no se amortiza, mientras sí lo hace un reproductor, un tractor, un apero, los alambrados o las mangas y corrales. La amortización es el costo del desgaste… y el suelo se desgasta con el uso y más aún, con el mal uso. Sino, preguntémosle a los sumerios…
Esto llevó a que durante mucho tiempo se confundiera el por qué de la baja de rindes, el aumento del enmalezamiento y plagas, o el aumento de costos para labrar el suelo, acusándose a la mala calidad de semillas, del combustible, a que llueve mucho, poco o fuera de tiempo o a eventos místicos.
Para poder utilizar el recurso suelo sin degradarlo, es necesario conocerlo. Para eso, se utilizan las cartas de suelos, que describen los mismos de manera bastante aproximada (en la región pampeana de la Argentina están en escala 1/50000). Para ajustar aún más esta descripción, se debe hacer un relevamiento de suelos a escala del predio, donde quedará conformado el mapa de suelos y, posteriormente, se obtiene el Mapa de Capacidad de Uso (M.C.U.).
¿Para qué es necesario el M.C.U.? Para no sobreexplotar el recurso y aplicar a cada unidad de paisaje, el tratamiento necesario con el fin de maximizar su producción sin degradarlo, cubriendo las necesidades de este con las prácticas adecuadas.
Para obtener el mapa de suelo se recurre a fotografías aéreas (preferentemente por par estereoscópico), a imágenes satelitarias (que tienen la ventaja de la recurrencia de estas ya que el satélite pasa cada 14 días aproximadamente (dependiendo del satélite), pudiéndose obtener datos de varios años y varias condiciones al año, y, en algunos casos, a imágenes radar. Como herramienta de apoyo es válido el Google Earth.
Con este material, se delimitan unidades de paisaje o cartográficas aproximadas, lográndose el Mapa Preliminar de Fotointerpretación (M.P.F), que luego de un exhaustivo análisis, se cotejan a campo, haciéndose calicatas y pozos de observación para contrastar la información de la carta de suelos con la del lugar. De esta manera, y a escala 1/20000 o mayor, se pueden obtener series puras, asociaciones y/o consociaciones de suelos para el establecimiento, obteniéndose el Mapa de suelos, con su leyenda de identificación y memoria descriptiva donde se detallan los análisis de los suelos. Esto es de escasa utilidad para el productor o para un técnico que no esté entrenado en las ciencias del suelo.
Posteriormente, se evalúa su capacidad de uso en función de sus propiedades intrínsecas y sus limitaciones, las relaciones suelo-paisaje, suelo-clima, considerando los requerimientos de las plantas.
En caso que no existan cartas de suelo del lugar, el reconocedor de suelos las puede generar para el establecimiento.
El trabajo a campo suele ser la parte más onerosa del trabajo, ya que requiere de traslados, a veces movimiento de maquinaria para excavaciones, mano de obra para realizar las calicatas o pozos de observación, muchas tomas de muestras y su posterior análisis. Si a esto, además, se le hace ensayos de infiltración, hay que hacer estudios in-situ, que implica el movimiento de grandes cantidades de agua, con la complejidad que esto conlleva.
Así se llega al Mapa de Suelos, con su leyenda de identificación y leyenda descriptiva, pero esta información todavía no le es útil al productor, pero sí muy útil para el técnico.
Con toda la información disponible, y analizada, se obtiene el Mapa de Capacidad de Uso, con su leyenda de identificación y su leyenda descriptiva, donde se detallan la capacidad de uso de cada una de las unidades cartográficas relevadas en el establecimiento. Y como el lector habrá deducido, se obtiene el inventario de tierras, sabiendo cuánta superficie es apta para ganadería y/o agricultura, y con esto, poder planificar producciones y rotaciones.
La ventaja que tiene este estudio es que los suelos no cambian, por lo que la capacidad de uso está restringida únicamente a las limitaciones permanentes de estos; y mientras no exista una tecnología que permita eliminarlas, el suelo va a permanecer en esa categoría. Y mientras estas condiciones se mantengan, el productor podrá realizar una planificación a largo plazo (por ej.: 10 años), al cabo de los cuales, vuelve al punto de inicio en las mismas condiciones en las que empezó.
Esto no significa que durante el horizonte de planificación no le ocurran meteoros, plagas o variaciones de precios de las producciones. Tampoco significa que no deba aplicar fitosanitarios, fertilizantes o enmiendas de ser necesario. Las decisiones de qué hacer, se toma año a año y se tomará con la conveniencia del precio del producto y/o la de conservar el recurso. Este tema lo ampliaremos en una próxima nota.
No dude en consultar a un profesional que lo asesore. La inversión se paga con la conservación del recurso y con la sostenibilidad de los rendimientos en el tiempo. Recuerde que conservar y prevenir es más barato que remediar y reparar.

Ing. Agr. Carlos M. Rocca
J.T.P. Cátedra de Planificación y Uso de la Tierra-FA-UBA
rocca@agro.uba.ar