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La materia orgánica, considerada como una mezcla compleja y variada de sustancias orgánicas, desempeña un importante papel en los suelos agrícolas. Formada por los restos vegetales y animales que, por la acción de la microbiota del suelo, son convertidos en una materia rica en reservas de nutrientes para las plantas, asegurando la disponibilidad de macro y micronutrientes. En la naturaleza existe un equilibrio en la pérdida y en la formación de la misma, equilibrio que se rompe cuando interviene el hombre laboreando el suelo.
El suelo está constituido por una fracción mineral (limo, arcilla y arena) y una fracción orgánica: la materia orgánica (m.o.).

Varios cientos de años en formarse

Si bien el porcentaje de m.o. con respecto a las otras es muy inferior (hasta el 10% aprox. en algunos suelos agrícolas de zonas templadas), su importancia es fundamental para la correcta nutrición de las plantas por actuar como almacenamiento de nutrientes y de agua.
La capacidad de intercambio catiónico (C.I.C.) se puede definir como la capacidad que tiene un suelo de retener y proveer nutrientes a los vegetales, como ser: calcio, magnesio, potasio, amonio y sodio e hidrógeno. Los cuatro primeros actúan en la nutrición en los vegetales mientras que los dos segundos, merecen una mención aparte.
Las fracciones que tienen mayor poder de CIC son: la materia orgánica y las arcillas (que dependiendo de su origen y grado de meteorización, será su participación en la CIC).
La m.o. tarda varios cientos de años en formarse y muy poco tiempo en destruírse. Este efecto se puede ver en suelos de zonas selváticas tropicales o subtropicales, que pocos años después de ser puestos en producción dando muy buenos rindes, son abandonadas por volverse improductivas.
Esto se debe a que la m.o. es muy fácilmente degradada por la acción conjunta del oxígeno del aire y la temperatura elevada, combinación que se da cuando se desmonta y posteriormente se labra el suelo especialmente en latitudes cercanas a los trópicos. Los primeros años se tiene muy buena productividad (debido a la mineralización de la m.o. que aporta muchos nutrientes), pero luego, esta se va perdiendo (por explotación en las producciones) ya que no hay sustrato que la retenga ni hay reposición. La tasa de pérdida supera ampliamente la tasa de formación.
Las innovaciones tecnológicas, como la mejora genética de los cultivares o el uso de fertilizantes o enmiendas, disimulan el efecto de la pérdida de productividad del suelo, pero si se lleva un detallado control contable, se podrá observar cómo el margen neto del establecimiento va disminuyendo en tanto y en cuanto, se va aumentando el uso de insumos para ir manteniendo los rindes.
Por eso es de vital importancia mantener el contenido de materia orgánica de los suelos para asegurar un uso racional de insumos, evitar la contaminación de cursos de agua con el lixiviado de los mismos y disminuir los costos de labranza.

Ing. Agr. Carlos M. Rocca
JTP Cátedra de Manejo y Conservación de Suelos-FAUBA
rocca@agro.uba.ar