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Abogado Omar Nayar
Abogado Omar Nayar

Cuando fuimos apenas unos bebés, que por tal condición estábamos vulnerables en todos los sentidos, hemos sido acogidos, con alegría, en un hogar construido, preparado y acondicionado por nuestros padres, para que podamos estar lo mejor posible.
Nuestros padres y también, en varios casos, nuestros abuelos, dieron hasta lo que no tenían para recibir a su hija/o, nieto/a, sin quejarse de nada y mucho menos afligiéndose por lo que podían perder eventualmente.
En una de las prédicas que Jesús dio a la gente, tratando de explicarles el Amor de Dios, dijo: «Si ustedes que son malos saben dar buenas cosas a sus hijos, ¡cuánto más su Padre que está en los cielos dará buenas cosas a los que se las pidan!».
El amor a los hijos es inherente a la naturaleza humana, y honrar ese amor es una obligación para el receptor de ese amor.
También no es menos cierto que sin nada venimos y sin nada nos vamos.
Pero para los pragmáticos y maquiavélicos propiciadores de este crimen de guerra y de lesa humanidad, del cual estamos siendo víctimas, todo lo anteriormente dicho es romanticismo inservible. Los mediocres con poder de siempre.
Y desde un punto de vista pragmático, ¿cómo sigue esto? Nosotros, los jóvenes, ya no trabajaremos pensando en construir algo bueno para el futuro de nuestros hijos, o ¿para qué pensar en tener hijos, si llegado el momento, seremos desechados?
Los medios de comunicación, los conocidos, la familia, inclusive, según lo que vemos hoy, hablarán frente a nosotros como si fuera que no tengamos el sentido de la audición ni de la visión, sobre la forma que nos eliminarán de este mundo por ser descartables. ¿Qué continuidad podría tener la humanidad con ese incentivo?
La normalización es una técnica muy cobarde y efectiva para cometer los crímenes más atroces y asquerosos, como ejemplo, tenemos de sobra en la historia de la humanidad.
Porque hoy permitimos, sin rubor en la cara, como taciturnos algunos, normalizar hechos espantosos y miserables contra la vida humana. También acontece esto por la ignorancia y el analfabetismo funcional que fríe las mentes de la mayoría de los habitantes de este mundo.
Es menester mencionar, que al escuchar a los medios de comunicación asentir y hacer apología de de retirar un respirador a una persona por el solo hecho de ser anciano para dárselo a otro más joven causa estupor y asco. Este es un crimen peor que el cometido por el grupo que lanzó el virus.
Escuchar al presidente de los Estados del mundo decir en sus discursos que la mayoría esté tranquila porque el virus solo mata a los ancianos, demostrando desprecio por sus padres, sus abuelos y hasta por ellos mismos por estar algunos también en esa franja etaria.
No se puede esperar nada bueno de quienes desprecian y alientan al desprecio de las madres y los padres de nuestras naciones, porque ellos, los ancianos, dieron su aporte fundamental para la existencia y preservación de todo lo que encontramos construido, plantado y clavado en esta tierra.
En ningún momento escuchamos decir a los líderes de las potencias mundiales y mucho menos a nuestros líderes locales, como en otras ocasiones, que iban a remover la tierra, el mar y el cielo para encontrar, desarticular y eliminar a los responsables de este ataque global.
¿Y nosotros, vamos a conformarnos con un paquete de medidas, endeudamiento maximizado, que pase todo esto, volver a estar en jaque, esperando otro ataque y ver a quiénes eligen como próximas víctimas? ¿Las embarazadas tal vez? ¿Control de la población mundial?
El mundo cambió para mal y si seguimos con la misma política,con los mismos partidos y los mismos políticos, y el mismo pensamiento, nunca vamos a tomar protagonismo. ¿Qué esperamos? ¿Que el azar nos beneficie?
Esto es mucho más grande que las supuestas peleas entre Añetete, HC, Frente Guasu, PDP, PMas, Equipo Joven y demás yerbas, o mucho más grande que los latrocinios que toleramos desde hace décadas; nos están matando sin una declaración de guerra, sin que un arma de fuego haya percutido un proyectil.
Reitero, en el Paraguay la vida se protege desde la concepción y todas las vidas humanas son igual de valiosas. La ciencia médica no es exacta, en nuestro derecho positivo no está autorizada la eutanasia (si es que se quieren agarrar de eso para asesinar a ancianos quitándole el respirador). Y al que ordena ese acto cobarde, o al que acata esa orden o al que por motu propio lo lleva adelante, es pasible de una pena privativa de libertad de hasta 30 años, por homicidio doloso agravado. Y a los directores de medios de comunicación y a los periodistas que intentan normalizar ese procedimiento (el homicidio de ancianos) so pretexto de salvar una vida más joven, decirles que perpetran el hecho punible de apología del delito y deberían ser de oficio imputados por el Ministerio Público.
¡Nuestros padres y abuelos están vivos, CARAJO!, dejen de hacerles sentir miedo y hacerles creer que están abandonados por el Estado, la sociedad y hasta por sus familias.