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Hoy día, los productores y/o técnicos cuentan con más opciones a la hora de encarar la producción agrícola, y la disyuntiva principal es: ¿labranza convencional (L.C.) o siembra directa (S.D.)?
Se entiende por L.C. a la labor que invierte total o parcialmente una parte del suelo con el fin de preparar la cama de siembra, combatir malezas y plagas y liberar nutrientes para la próxima campaña agrícola y es la técnica que se viene empleando desde hace varios siglos.
Esta labranza se divide a su vez en primaria (la que se hace luego de un período más o menos largo de descanso del suelo) y secundaria (cuya función es refinar, acondicionar y preparar la cama de siembra).

L. C. Con arado de reja y certedera (Gentileza).
L. C. Con arado de reja y certedera (Gentileza).

El control de malezas se produce al ser destruidas o descalzadas las plantas o bien enterradas al producirse la inversión del pan de tierra o gleba. Al quedar invertida la gleba, los insectos del suelo quedan expuestos y son ávidamente devorados por las aves (si se hace en horario diurno). Mientras que la liberación de nutrientes se produce al mineralizarse la materia orgánica presente en el suelo al recibir un enorme aporte de oxígeno, liberando nitratos principalmente luego de un tiempo.
Luego, apareció la S.D., técnica que permite la producción agrícola sin invertir el suelo y solo laboreando el lugar donde caerá la semilla junto con el fertilizante sin perturbar el resto del horizonte de siembra.

S.D. Cultivo implantado (Gentileza).
S.D. Cultivo implantado (Gentileza).

Obviamente, el consumo de energía es muchísimo menor en esta segunda técnica ya que se evita la pasada de numerosas máquinas y aperos. Sin embargo, se requiere de un paquete tecnológico apropiado (mayor uso de insecticidas, herbicidas y fertilizantes por ejemplo), y usado correctamente para que sus beneficios sean apreciados.
Los defensores de la S.D. señalan que al no removerse el suelo y trabajándolo con rastrojo en superficie, el suelo queda más frío por este “colchón” de cobertura, lo que provoca menor pérdida de materia orgánica por mineralización y aumentando el contenido de la misma en el tiempo.

Pros y contras

Como ya se señaló arriba, es necesario aumentar la cantidad de fertilizante aplicado, ya que no se liberan en cantidad suficiente para el cultivo al no haber una rápida disponibilidad de nutrientes, al no haber mineralización. Además, tiene la ventaja que no se requiere de una preparación previa del terreno con mucha anticipación, ya que con herbicidas se matan las malezas para facilitar las labores y para disminuir la competencia por los recursos hasta que germine el cultivo.
Esta técnica permitió en los países que adoptaron la S.D. -y cuyo clima lo permite- hacer dos cultivos sucesivos con muy buenos resultados económicos. Por ejemplo: trigo-soja de 2da., trigo-maíz de segunda entre otras combinaciones. Además, al no laborear el suelo, se pudo producir en muchos suelos que según la clasificación de uso del Departamento de Agricultura de los Estados Unidos (USDA, por sus siglas en inglés), entraban en Capacidad de Uso VI (no agrícola)
Pero, como toda solución tiene un lado oscuro, la S.D. además de utilizar más insumos, las máquinas son más pesadas, con el consiguiente requerimiento de tractores de más potencia. Y como el lector comprenderá, más potencia es sinónimo de más peso. Y más peso, es sinónimo de mayor compactación del suelo.
Por todo eso, a la hora de elegir una técnica de producción, no se debe olvidar que todas tienen sus pros y sus contras, por lo que es necesario contar con el asesoramiento profesional para que elija la técnica adecuada a cada circunstancia, tiempo o lugar y evitar deteriorar el suelo para asegurarnos su productividad a lo largo del tiempo.

Ing. Agr. Carlos M Rocca
J.T.P Cátedra de Manejo y Conservación de Suelos
FA-UBA
rocca@agro.uba.ar