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Alexander Lukashenko (65), presidente bielorruso, ha dicho que estaría dispuesto a compartir el poder y cambiar la Constitución, pero que no estaba preparado para hacerlo bajo la presión de los manifestantes, según la agencia de noticias Belta.

El líder en conflicto hizo las declaraciones en una planta de tractores en Minsk, donde también dijo a los trabajadores que no habría nuevas elecciones presidenciales después de una disputada votación del domingo 9 de agosto. «Ya celebramos elecciones. Hasta que me maten, no habrá otras elecciones», indicó.

Step Vaessen de Al Jazeera informa desde Minsk que si bien Lukashenko dice que quiere redistribuir el poder después de que se cambie la Constitución, este es un proceso largo que podría llevar años. «Mucha gente aquí ve eso como un esfuerzo de él para ganar tiempo», dijo Vaessen.

Sin embargo, la agencia de noticias RIA lo informó más tarde diciendo que se realizarían nuevas elecciones después de que el país adopte una nueva Constitución.

«Hasta que me maten, no habrá otras elecciones» (Alexander Lukashenko)

Cerca de 5.000 trabajadores de la planta de Minsk Tractor Works, que ha estado en huelga desde el lunes por la mañana, marcharon por las calles exigiendo que Lukashenko dimitiera y cediera su puesto a Svetlana Tikhanovskaya (37), la principal candidata de la oposición. Fue el noveno día consecutivo de protestas contra los resultados de una elección que extendió su mandato de 26 años.

PUESTO. Svetlana Tikhanovskaya, principal candidata de la oposición (Gentileza).

Los resultados oficiales de la votación del 9 de agosto le dieron a Lukashenko el 80% de los votos y a Tikhanovskaya sólo el 10%, pero la oposición afirmó que la votación fue manipulada. «Lukashenko es un expresidente, necesita irse», dijo el lunes Sergei Dylevsky, líder de la protesta en la planta de Minsk Tractor Works, a la agencia de noticias The Associated Press. «Sveta (Tikhanovskaya) es nuestro presidente, legítimo y elegido por el pueblo», añadió.

Tikhanovskaya, una exmaestra de inglés de 37 años, ingresó a la carrera después de que su esposo, quien también planeaba ser candidato, fuera encarcelado en Bielorrusia. Logró galvanizar el apoyo a nivel nacional, atrayendo a decenas de miles a sus mítines de campaña.