Opa Navidad, Año Nuevo, y aguinaldo

Voy a contarles lo rara es la semana de calor insoportable cuando es mediodía y hay que esperar el “bus” –eso que llamamos colectivo, más eterno bajo el sol: sudor, pies calientes con medias semi mojadas o totalmente, (después hablamos del zapato).

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Kaputt Katastrophe | La columna

Cualquier coincidencia es mera casualidad #kaputtkatastrophe

Eso que apenas llegaste a la esquina, y de nuevo el huevo de chocolate (el color no importa), ya empieza a derretirse dentro de la cartera antes de Semana Santa. Sacrificado nio es aquel tiene que llegar a la oficina a trabajar o junto al cliente pensando que el auto se descompuso mba’e. La sensación más seudo-ecológica es soñar cuando eramos niños y había por lo menos un arbolito que nos diera sombra y, que en Navidad brilla… por su ausencia. Ahora, sí tenemos suerte mba’e, nos cae un mango en la cabeza. Eso me recuerda a “El saber no tiene poder”.

A esto de esperar el colectivo se le debe llamar, por ejemplo, “castigo-divino”, porque tu yunta no es nio naaada generosa de onda con esa frase que reza “Dime con quién… bla bla …”. Es castigo por culpa de la junta, añadiendo de antemano el llamado a el/los de arriba, quejándose con la frase “Ñandejára”, y divino porque te sentís todo poderoso por haberle dado tu visto bueno en las mal llamadas elecciones, porque se llama realmente tu decisión. Y estoy seguro que nada que ver con el color, sino el olor que ni con perfume te salvás de lo que viene a continuación. Peor: pensando en qué será de otros en el bus pues tendrán que soportarte. Por ahí te olvidaste de algo antes de salir como ese pequeño accesorio que se usa en vez del limón. Y sháke de ese que en el peor de los casos intenta mantener la quietud del inesperado síntoma de no estar al pedo.

Si te vas parado, tenés suerte. Y si es apretado, no tiene suerte el de al lado y viceversa. Hay que hacer de brazos caídos. Ahhh, el zapato. Bueno, esperá. Al último llega lo mejor.

Sin mencionar que el viaje puede literalmente calcinar un brazo o toda una mitad, o que cinco minutos después de llegar a la parada olvidaste la fabulosa billetera, quizás sobre la hora, al volver es la tragedia, es ver que al bus lo ves pasar exactamente a una cuadra. ¡Catastrófico! A todo eso debería llamarse: “Buscear” para llegar. Llegar al trabajo, ir y volver todos los días, con lluvia, calor o frío. Da igual. Hay que seguir bucseando.

La parte mas emocionante, es desplegarse todo lo mejor posible, entonces para una buena presencia elegís un zapato que lo compraste para un evento social importante. De esos que son finos, elegante, que cuadra con tu apariencia y, tu ego. Y que una vez que lo tenés en tus pies se siente valiente y orgulloso. Aunque, verídico: no llega a ser eterno.

¿Por qué? Qué tal te queda sí, al bajar del bus, sigue el busceo, cuando entonces, una emoción a pacitos, la suela del mágico zapatito comienza por la mita a desprenderse, desde la punta a la mitad casi hacia los talones.

Eso sí, aguinaldo ya terminó. Sí, así mismo. Opá Navidad y ni lapa o Mamá Noel te dará para otro par porque falta llegar a Reyes Magos. Comenzás a preocuparte porque sabés que no son magos, no existen, y el zapato no termina con el clac-clac a cada paso. Ya te miran y no vez ni una ferretería, hay que continuar. ¡Eso es BUSCEAR!

Te faltan 10 cuadras, una eternidad pero, resistís a causa de visualizar un supermercado’i. ¡Aleluya! Entonces llegás allí, conseguís un pegamento de esos que son pequeños y si tenés suerte, te aguantan. Te sacás el maldito traicionero, le ponés un buen chorro, y podés continuar. Llegás a la quinta cuadra, y raroooooo, pero raro, el otro lado comienza a darte la batalla. Ya te das cuenta y ¡plop!, se despegó la otra parte (el otro lado). Sacás lo poco de pegamento y le aplicás. Solucionado. Al terminar tu jornada, dos cuadras antes de  tomar el colectivo sentís que ya son dos, como si hubieras comprado despegamento. Por un instante ya sabés cómo se siente caminar como los patos, pero, en carne propia. Ese día te convertiste en políglota por las mil formas de regañar y quedó para la historia. Por suerte al bajar del bus solo tenés que quitarte el zapato, pero evitando la parte caliente de la vereda y situaciones punzantes… Bueno, a veces, hay días… Días que nadie los valora. Días que tenés que rezar para llegar a la casa para encontrar paz, valga la redundancia: busceando. ¡Feliz año nuevo!