Paraguay, el país africano de América

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Abog. Omar Nayar

África, un continente rico por donde se lo mire, con gente muy pobre material y espiritualmente, compuesto por países ricos habitado por ciudadanos pobres. La civilización en muchas de esas naciones no ha llegado. Reina el fanatismo, la violencia y la pobreza. Georges Politzer divide la filosofía en la materia y el espíritu.

El Paraguay es un país inmensamente rico pero con gente pobre material y espiritualmente.
Reina el fanatismo, la violencia, la mafia organizada y también la desorganizada.

El amor propio y la autoestima es casi inexistente, la mayoría de las autoridades, las mayoría de los ciudadanos, no todos, pero la mayoría que no es poco, inicia un razonamiento o justificación afirmando: «Somos pobres, somos pequeños», sin embargo estamos rodeados de riqueza inexplotada y otra muy mal e irresponsablemente explotada. Un sistema político con un lenguaje oscuro subyacente, de engaño, extorsión, coacción, prostitución y hasta de homicidios; familias en vías de aniquilación, la educación mediocre y la salud de fachada y crematística. Un pueblo asustado, dormido, entregado por mantener un plato de comida en casa, en la mayoría de los casos y otros, por mantener un nivel de vida superior, pero que al final también son esclavos.

Y las conductas cotidianas que refuerzan estas afirmaciones, donde seguimos viendo a personas orinar en la calle por las murallas ajenas, otros paseándose por las calles o estacionados frente a casas ajenas en sus vehículos con música (si a eso se le puede llamar música) a volúmenes cuyos decibeles son propios de conciertos o discotecas, como si fueran ellos los únicos que viven en el mundo.

La Nochebuena pasada nos resultó complicado tragar y mucho menos digerir nuestra cena, ya que unos africanos comenzaron a bombardear el frente de nuestra casa, con bombas de artificios, que por momentos nos hacían sentir que estábamos en Hama, Siria.

Seria hermoso expulsar a nuestro africano paraguayo en el 2021

Y en el señalamiento de estas conductas, la realidad no nos permite hacer distingos entre clases sociales, tomando como parámetro el poder del dinero, ya que estas conductas se pueden ver en pobres y ricos africanos paraguayos.

Ahí tuvimos el incendio en la chacarita, a un africano le pareció buena idea utilizar petardos en medio de esas viviendas precarias y construidas con materiales altamente inflamables.

Tenemos también los africanos que hacen disparos al aire sin importarle la vida de los otros.

Pero los africanos paraguayos que especialmente nos mantienen en la pobreza son aquellos que venden su conciencia, su voluntad y sus anhelos de libertad y progreso por un pancho y una gaseosa, por la promesa de un carguito el día en que ejerzan su poder público al marcar su voto en las elecciones de autoridades.

Seria hermoso expulsar a nuestro africano paraguayo en el 2021 y permitir que renazca en cada uno el genuino, aquel el de los Eligio Ayala, Francia, Mariscal López, Mariscal Estigarribia, Augusto Roa Bastos, Ignacio A. Pane y Adela y Celsa Speratti, y tantos otros que nos dieron ejemplo de dignidad, respeto, valentía, patriotismo y ciudadanía.

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