PLOP!!

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Ha aparecido una nueva forma de comunicación: la desmentida mientras se afirma, envuelta en un paquete de ambigüedad y progresismo que termina sin decir nada. Ya ni siquiera es posverdad. Es coso.

La palabra no tiene valor y es lo mismo decir “silla” que “hormiguero”, la verdad pierde toda importancia y lo real se convierte en coso. Bienvenidos al país del Presidente Coso, que puede ser esto, aquello o todo lo contrario. Cada afirmación del Presidente Coso tiene un tuit previo que lo desmiente. Y por supuesto, si el coso viene desde el poder se desparrama hacia abajo y todo se llena de coso.

Por eso, nada mejor que empezar el año diciendo la verdad: aquellos ciudadanos que sufren por igual a los actuales legislativos (que es lo mismo decir al coloradismo) y al coronavirus vayan sabiendo que la diferencia entre ambos problemas es que el coronavirus, tarde o temprano, se va a terminar.

De todos modos, convengamos que hay tres figuras principales sobre las que recae la mayor responsabilidad: Horacio y el presidente Coso, como jefes del oficialismo, y los demás como jefes de las oposición, bue… al menos hasta que Horacio lo desmienta.

Como todo el mundo sabe, en Mburuvicha Róga habita un señor que, cuando se despierta a la mañana, se mira en el espejo para ver si está despierto o dormido. Una vez que comprueba que, efectivamente, es el Presidente Coso de la Nación, pega un chiflido, llama a su perro, le arroja una pelotita para que se la traiga de vuelta, el perro la caza al vuelo con los dientes pero la lleva directo a Mburuvicha Róga Reloaded, sobre la avenida España (je-je, el perro no es nada tonto).

Y haciendo un punto y aparte, digamos que la política es el arte de acordar en nombre del bien común. Esta frase es inventada pero si se la adjudicáramos a Churchill, no te la discutiría nadie. Sin embargo, acordar no está en el menú de ninguno de nuestros genios. Pero saquemos de este debate al Presidente Coso porque es obvio que no tiene suficiente autonomía como para hacer ningún gran acuerdo histórico. Ya sabemos que si llegara a contradecir al Jefe no le dejan ni un guardia a mano.

Para hacer crecer un país, darle prosperidad a su pueblo, mejorar las instituciones, bajar la pobreza, terminar con la inflación, promover las inversiones y generar trabajo genuino hacen falta dirigentes serios que sepan de política. En cambio para hacer una página de humor político solo se necesita un puñado de tipos que gobiernen como el orto.

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