Pabla y Chiruzo

La vida te sorprende con muchas cosas lindas que no pensaste que alguna vez te podrían suceder. Tal vez te imaginaste situaciones a modo de ilusión que te gustaría que te pasaran, cosas imposibles que luego te olvidas porque sentís que no sos merecedor de ellas, pero aunque no lo creas enviaste una petición al universo y procesó tu pedido, tipo cartita a Papá Noel. Y en el momento exacto de tu vida cuando menos te lo esperás te llega aquel regalo que creíste nunca llegaría.

Cuesta creer muchas cosas, estamos muy inmersos en cosas superficiales, en nuestros dolores y fracasos que las señales que recibimos no las vemos con claridad. ¿Quién no ha pasado por situaciones extremas, traumáticas, dolorosas? Todos. No existe una persona que haya vivido feliz toda su vida. La vida es esto, golpes que uno recibe, pero no porque los merezcamos sino son las lecciones que vinimos a aprender en esta vida y nos ayudarán a mejorar como personas, como seres humanos. Hay una frase que le salió una vez a mi hermana en la galletita de la fortuna que me gustó mucho: Cuando pases por una dura prueba y te preguntes dónde está Dios, recuerda que el maestro siempre está en silencio durante el examen. Pensar de esta forma me ha ayudado a afrontar y canalizar muchas situaciones poco agradables. Ya no me pregunto: ¿Por qué a mí? Mis reflexiones son: ¿Qué debo aprender de esta situación? ¿Qué mensaje hay detrás de esto? Y confío que algo bueno tiene que venir. Esa manera de pensar me ayudó a afrontar las adversidades y en el proceso de sanación interna encontré en la escritura una manera de canalizarlas, de poder expresarme con ella pues hablar me cuesta mucho. Fui de las que calló mucho tiempo y ese hábito hasta ahora me acompaña.

Mi vida empezó a cambiar para bien desde que él apareció

Hace dos años empecé a escribir un libro, el cual nació después de que mi compañerito de tantos años apenas lograba salvarse de la muerte. Era la segunda vez que sentía ese dolor en el pecho, la sensación de vacío y pérdida después de la muerte de mi mamá lo volvía a sentir en aquella veterinaria en una noche de Pascua. Pero esta vez sentí que perdía lo único mío que tenía en la vida, lo más importante, mi perro. Yo era capaz de desprenderme de cualquier bien material, andar con una mano adelante y otra atrás, perder todo, pero a él nadie me lo podía sacar.

Hasta ese domingo cuando me di cuenta de que mi perro no era inmortal mientras lo veía colapsando sobre la mesa fría de metal donde el veterinario trataba de salvarlo inyectándole cosas. Sujetándolo fuerte para que no cayera de la mesa porque ya no tenía control de sus movimientos. Yo solo me limité a rezar y pedirle a Dios y a su santo protector san Roque que lo dejara vivir, tenía mucho por delante, era joven todavía y yo lo necesitaba. Me deshice en lágrimas. Mis súplicas fueron escuchadas y al día siguiente él ya estaba buscando pelea con los otros perros internados, ladrándoles entre las rejas de su jaula.

Después de un tiempo empecé a escribir todas la anécdotas que tenía con él, como una manera de canalizar mi susto, desde el día que lo conocí hasta ese día fatídico cuando casi lo pierdo. Y escribiéndolas y haciendo una cronología de nuestra historia me di cuenta de algo fabuloso. Mi vida empezó a cambiar para bien desde que él apareció. Él fue la respuesta a mis oraciones después de la partida de mi mamá.

Hoy se convirtió en un libro cuyo único objetivo es compartir nuestra historia de amistad con quienes sepan entender este tipo de vínculo irrompible. Cuando él decida dejarme yo lo encontraré en cada página y volveré a revivir cada momento que pasamos juntos, inmortalizándolo. A veces me da miedo que su misión en mi vida ya esté finalizando, porque me encuentro plenamente feliz. Tengo todo aquello que soñé y deseé: mi familia. Rezo siempre para que Chiruzo viva muchos años más y que mi hija tenga recuerdos con él y yo más anécdotas que atesorar. Esto es lo que realmente importa, rodearte de seres puros que te llenen el corazón. El resto es vyrorei.