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Pabla y Chiruzo

Exactamente hace cinco años viví por primera vez un terremoto acá en Chile, vivo en este país desde el 2015. Es el lugar más sísmico del mundo. Me advirtieron que estuviera preparada para vivir esta experiencia, que los temblores formaban parte de la vida cotidiana de los chilenos. Tanto así que uno de sus tragos más tradicionales lleva este nombre: “Terremoto” (al final del artículo les doy la receta).
Dicen que los animales presienten o predicen los desastres naturales. Yo creo que sí, ellos tienen tantas habilidades y sus sentidos son más agudos que los nuestros; pueden sentir vibraciones, frecuencias más bajas o más altas, la humedad en el ambiente antes de una tormenta, cambios en la presión atmosférica y acuática, olores imperceptibles para el humano, que los ayudan a anticiparse y escapar oportunamente para ponerse a salvo. Hay tantas historias avalando la teoría de sus habilidades misteriosas que hasta al más incrédulo hace dudar.
Me hubiera gustado que mi historia con mi perro durante aquel terremoto formara parte de las muchas anécdotas encontradas en Internet donde él me advertía de lo que viviríamos minutos después en el decimocuarto piso del edificio donde en ese momento estábamos viviendo. Él estaba tan absorto como yo en su descanso en aquella alfombra roja en el medio de la sala, mientras que yo, con mi celular conectada a las redes sociales sin imaginarme que nos sorprendería un terremoto de 8,6 en la escala de Richter.
Estábamos solos y con apenas algunas recomendaciones de precaución ante semejante desastre natural. Mi perro no tenía esa capacidad de anticipación, quedó tan sorprendido como yo cuando empezó el remezón. Los primeros segundos esperé a que pasara, creyendo que era un simple temblor como ya venía sintiendo días previos, pero luego se intensificó. Y lo que creí que iba a durar escasos segundos, duró dos minutos, suficientes para olvidarme de todo lo que debía hacer en ese momento para resguardar nuestra seguridad y pensar lo peor, que era nuestro fin. Me quedé paralizada, Chiruzo igual, mirándonos sin saber qué hacer, él esperaba una reacción de mi parte y yo la de él. Mi marido me llamó en ese instante para refrescarme la memoria, colocarme debajo del marco de la puerta, que no saliera corriendo del edificio, no tomara el ascensor y me alejara de las ventanas.
Cuando pasó todo el susto yo tuve un ataque de pánico, mientras que mi perro ya estaba durmiendo en un rincón del lugar que tomamos como refugio. Descubrí su habilidad, la de transmitirme tranquilidad, que lo peor ya había pasado, que estábamos a salvo y podíamos seguir con nuestras actividades, él retomando su descanso interrumpido, yo con mis redes sociales contando lo sucedido, así como el resto de los chilenos. Dos días después estaban festejando sus fiestas patrias como si nada hubiera pasado, bailando al son de la cueca, visitas masivas a las fondas, asados entre amigos y familiares, convirtiendo aquella experiencia como parte de su folclore sin que interrumpiera e interfiriera con ese momento de felicidad, tomándolo casi como un vyrorei, mientras que yo aún no me recuperaba del susto, cuestión que no impidió que brindara a la salud del país que me acoge con el tradicional trago “Terremoto”.

Ingredientes “Terremoto”
• Vino añejo
• Granadina
• Helado de Piña

¡Salud!