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Pabla y Chiruzo

Tenés que tener ya un hijo, ya sos vieja”. “De cualquiera nomás ya embarazate”, son frases que una mujer de más de treinta años empieza a escuchar de personas que no tienen idea de lo que pasa en el interior de aquella mujer que la llevó a seguir sin retoño hasta la edad más adulta. La maternidad se convierte en una presión social que desmerita todo los logros profesionales y personales de ella si es que no tiene un hijo. Y lo más triste es que son cuestionadas por las mismas mujeres si decidieron no ser madres.

Hay una frase que se le atribuye a Bruce Lee: “En lugar de comprarle a tus hijos todas las cosas que nunca tuviste, deberías enseñarles todas las cosas que nunca te enseñaron”. Me encantó esta frase. Mi mamá se casó a los 17 años, tuvo su primer hijo a los 19, y no paró hasta tener en total siete hijos. Mis padres no nos dieron cosas materiales, solo lo justo y necesario. Pero mi madre, que creció y maduró con nosotros, nos enseñó, sobre todo a las hijas: “Disfruten de la vida, estudien, trabajen, viajen, vístanse chuscas”. “Ani pejelia mitáre”, traduciendo, no quería que fuéramos madres de jóvenes porque sabía la gran responsabilidad de la maternidad y lo limitante que es. Empaticé mucho con mi mamá porque a ella le hubiese gustado terminar el colegio y seguir en la universidad, pero la vida le tenía preparado otra cosa quedándose de niña huérfana de madre. No tuvo esa presencia materna para guiarla. Se casó joven con el amor de su vida, quien también era otro joven inexperto.

Una de mis hermanas decidió no tener hijos, me acuerdo que lo dijo en una entrevista y fue criticada. Es válida su decisión y hay que respetarla y nadie tiene el derecho de cuestionar a ninguna por su elección. La otra hermana es aún muy joven, tiene claro sus proyectos y hasta ahora no incluye hijos. Yo sí deseaba ser madre, pero antes debía sanar muchas heridas internas y sobre todo analizar y entender el propósito de la maternidad. ¿Por qué debía tener un hijo? Me negaba a ceder a esa presión de la estructura social y aguantaba esas preguntas incómodas. Porque si llegaba a ser madre quería ser la mejor. Entendí que no debía tener materias pendientes, sabía que era sacrificio, renunciamiento y sobre todo quebranto permanente sobre su bienestar porque ese amor incondicional y grande que experimenta la mujer te pone en ese estado. Que los hijos no son de nuestra propiedad, hay que respetar su privacidad, su espacio, y su decisión de elegir. Que es una tarea de a dos; necesitaba de un partner comprometido con la difícil labor de formar una persona correcta, digna, preparada para esta vida y hacer de este mundo un lugar mejor. Ser guías para aquel ser cuya alma vino a este mundo con un propósito definido.

«La maternidad no es vyrésa, debe ser deseada, sin presiones, sin obligación. No existe la edad perfecta para serlo, sino la edad emocional correcta para tomar ese paso».