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Chiruzo y Pabla.
Chiruzo y Pabla.

Es el Día de la amistad y qué mejor momento para saludar y celebrar al mejor amigo que la raza humana pueda tener. Se han escuchado cientos de anécdotas de lealtad, historias leídas en libros y películas sobre ellos, estoy hablando del perro. Quién no ha llorado con Hachiko, con Marley, historias reales que han tocado el alma de los doglovers y de los corazones duros. Y cada uno tenemos nuestras propias historias de amistad con nuestros perros que las atesoraremos por siempre.
Se ha demostrado que ellos tienen un impacto positivo en nuestras vidas. Hablando científicamente, estimulan en nuestros cerebros la producción de oxitocina –la hormona del amor-, y no solamente en nosotros se produce esta hormona sino también en ellos. O sea, es mutuo el amor que sentimos.
Y debido a esta relación es fácil entrenarlos y prepararlos para ser perros de terapia y de asistencia para personas con diferentes discapacidades y trastornos. Este vínculo de amistad perro–humano es una evolución que data de miles de años.
Desde mi experiencia con ellos puedo decir, que son sanadores y poseen una energía positiva infravalorada. Cuando dejamos entrar a uno a nuestra vida, lo hacemos de manera inconsciente, por impulso, por pena o por una extraña razón decidimos adoptarlos, pero en realidad es porque nuestra alma o corazón necesita una sanación y aquel animal lo percibió, le atrajo esa carencia y su necesidad de protegernos, sanarnos se convierte en su propósito de vida. Pero es el tiempo el que se encarga de hacernos saber que fueron ellos que nos eligieron a nosotros para ser nuestros compañeros, el que estábamos necesitando en ese momento.
Me tomó ocho años entender que mi perro Chiruzo vino en mi ayuda cuando estaba a punto de colapsar emocionalmente. Cuatro meses antes mi mamá había fallecido y él con apenas tres meses de edad se presentó como un frágil animal abandonado a su suerte. Yo, ilusa, creí que le estaba cambiando su vida al recogerlo pero era él quien estaba a punto de cambiar la mía. Te hacen creer que somos nosotros sus salvadores pero en realidad son ellos quienes tienen ese poder; detrás de esa cara de “pobrecito” ocultan su verdadero propósito por la cual se cruzaron en nuestro camino.
Se convierten en ese amigo que no juzga, que no critica, que no opina sobre tu vida, el que no aconseja con soluciones irreales, sino en aquel que con su silencio y compañía puede darte el mejor apoyo; el que te ama sin lujos, el que ama tu esencia. Sus travesuras pueden ser más poderosas que una hora en el terapeuta; son capaces de hacerte reír todo el día, y una buena dosis de risas verdaderas es más efectiva que pastillas antidepresivas.
Me volví adicta a esa energía y fui dándoles un espacio en mi casa a más perros que fueron purificando mi alma y mi cuerpo, liberándome de pensamientos negativos, llenándome de energía renovadora. Quién diría que cambiaría tanto de parecer sobre ellos, puesto que era reacia a tener mascotas; que los miraba con cierto recelo, o me burlaba de amigos que los trataban con tanto amor y respeto. Pero en realidad, en el fondo yo ocultaba un miedo a volver a tener uno. En mi infancia tuve un trauma con ellos que arrastré hasta mi vida adulta. En realidad no me sentía merecedora del cariño de ellos y los trataba con indiferencia y hasta podría decir, desprecio. Pero todo tiene un motivo de ser y las cosas debían pasar en el momento adecuado. Hoy en casa son cinco perros y este día lo celebraré con ellos. Pero uno fue el que hizo el trabajo difícil, el que cambió mi mentalidad hacia los perros… el que cambió mi vida.

Hoy lo celebro a él, a Chiruzo, mi mejor aliado, mi mejor amigo.
Feliz Día de la Amistad.
En fin, vyrorei.

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