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Pabla y Chiruzo
Pabla y Chiruzo

El otro día me topé con una investigación realizada con casi mil jóvenes de la Universidad de Carroll, en EE. UU. Con la cual generaron un perfil de los Doglovers y Catlovers.

El estudio arrojó lo siguiente: los Doglovers son más inquietos, animados, energéticos, sociables, conservadores, tienen mejor humor, extrovertidos, dominantes y más sociables. Esto se debe a que el dueño debe estar atento a las necesidades de salir de sus perros, de pasearlos, jugar con ellos, entretenerlos. Y por su actitud más inquieta, son buenos partners de los niños, por lo que, generalmente, están en casas de parejas con hijos menores.

En cambio los Catlovers son más sensibles, de mente abierta más que los Doglovers, tienden a ser propensos a padecer ataques de ansiedad y neurosis, lo que se debe a que los felinos no colaboran a aliviar el estrés. No requieren salir a pasear, ni de espacios grandes, por tanto es ideal de compañero de personas que disfrutan de su soledad y son más independientes. A pesar de esa dinámica más calmada de los gatos, son mascotas de objetivos claros. En ese sentido conectan con sus amos, quienes demuestran tener una mente más abierta, ser creativos e inconformes. Por todo ello, mascotas y dueños, están más cercanos a asumir desafíos nuevos. El estudio realizado a las mil personas arrojó también que los Catlovers obtuvieron una puntuación mayor en los test de inteligencia. El 60% prefieren a los perros, el 11% a los gatos, el resto se divide entre los que prefieren a ambos y a ninguno. Y bla, bla, bla…

Muchos van a diferir o estarán de acuerdo con este resultado, por supuesto. Si uno empieza a husmear en Internet sobre la relación del humano con los animales se encontrará con miles de este tipo de estudios, artículos, libros, investigaciones, teorías, opiniones y testimonios que muchos de ellos se contradicen y refutan. Es un tema que llama la atención de muchos e incentiva a grandes estudios y debates cuyo objetivo es descifrar y entender la lógica del ser humano de considerar a un animal como un familiar. Y por más investigaciones y estudios que se hagan no se comprenderá, porque ese vínculo viene madurando desde miles de años, en especial el de humano-perro. Por tanto, será difícil encontrar una lógica al afecto mutuo entre dos especies diferentes.

Mi marido me regaló un libro: “En la mente de un perro” escrito por Alexandra Horwitz, psicóloga y doctora en Ciencia Cognitiva de la Universidad de California. Son trescientas páginas donde ella explica desde su perspectiva como profesional y Doglover cómo ven, huelen y saben los perros. Es entretenido conocerlos desde ese punto de vista, y lo más curioso es la cantidad infinita de los otros estudios e investigaciones con los que se basó para escribir el libro y también gracias a la observación que hizo durante años a su perro Pump. Estoy en la misma, a punto de publicar mi libro sobre mi perro Chiruzo, desde mi experiencia afectiva; relatando nuestras muchas anécdotas y el impacto positivo que tuvo él en mi vida.

No volvería a una vida sin perros. Definitivamente, así como te dan dolores de cabeza sus travesuras, sus gastos, su seguridad, también te dan esa alegría que complementan tu vida. No me lleno la cabeza con los resultados de los diversos estudios que se realizan sobre la influencia que tienen ellos en nuestra rutina, solo me dejo llevar por lo que me aportan a mi día a día y creo que muchos pensarán igual. Así como nosotros observamos a nuestras mascotas y logramos entenderlos, ellos hacen el mismo análisis con nosotros; nos escanean y se adaptan a nuestro estilo de vida y rutina. Lo mismo ocurre en convivencias humanas, de parejas, de amigos, de familiares; se adoptan comportamientos, gestos, costumbres, incluso, forma de caminar de la otra persona. Las mascotas llegan a interpretar nuestras expresiones corporales anticipándose a la acción, tanto así que creemos que nos leen la mente. Por cierto, esto también fue objeto de investigación: Razón científica por la cual nuestros perros se parecen a sus dueños – William J. Chopik, psicólogo social de la Michigan State University- .Yo lo tengo comprobado que es así con Chiruzo, que nos parecemos, incluso físicamente. Él ya conocía mis horas de salida al trabajo, mi rutina de preparación y se entusiasmaba corriendo hasta el vehículo para esperar a que le abriera la puerta para subirse de un salto, colocarse junto a la ventana y empezar a calentar su garganta con pequeños gruñidos para luego ir ladrando todo el camino a otros perros con quienes se cruzaba en cada esquina.

La experiencia de cada Doglovers, Catlovers, Loritoógalovers, etcétera, o con cualquier otro animal con quien se haga click, es lo que cuenta. Tu propia experiencia y anécdotas pesarán más que cualquier investigación. El resto es vyrorei.

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