Pabla y Chiruzo

Hoy, 27 de octubre, muchos padres estarán cumpliendo años. El mío nació en esta fecha hace 73 años. Arquero de la selección concepcionera de fútbol en el año 70, bicampeones del Nacional de Interligas un 27 de enero, fecha memorable no solamente por el triunfo, también fue el cumpleaños de mi mamá quien cumplía 19 años, ya estaban casados y mi hermano mayor recién nacido.

Ha pasado tanto tiempo desde aquella victoria pero hasta hoy recuerdan esa gran hazaña de la V azulada y ese equipo dorado quedó en la memoria de toda una generación concepcionera amantes del fútbol.

Yo me siento orgullosa de ser hija de aquella pareja joven que apostó por una familia numerosa. Con su sueldo de militar (suboficial principal de Caballería, hoy retirado) pudo mantener a sus siete hijos, no nos dio lujos pero tampoco nos faltó nada. Los hijos aprenden más de los ejemplos que de los consejos. Y una de las cosas que vi en ellos durante sus 40 años juntos y que lo tengo grabado en mi ADN: es el compañerismo. El matrimonio es más que documentos firmados o bendición ante un sacerdote. Es compromiso, compañerismo, es ser compinche, es involucrarse, es más que “en las buenas y en las malas” sino “en las malas y en las peores”. Es un aprendizaje constante, y te empuja a ser mejor persona cada día para los hijos que vendrán porque entienden que ellos serán la fusión de dos personas que decidieron unir sus vidas gracias al amor.

Mis padres no fueron los perfectos padres, y ninguno lo es. Pero con sus defectos aprendí grandes lecciones. Y nuestra misión como hijos es amarlos tal cual son.

Mi papá ganó mi máxima admiración en un día triste para toda la familia. Mi mamá cayó gravemente enferma. En su internación decidimos quedarnos mi papá y yo a pasar la noche con ella en la clínica. Nos pidieron que controláramos que su goteo del suero y medicamento fuera continuo. Esa noche él hizo su última guardia por su compañera, caminando alrededor de su cama toda la noche, sin descansar un solo minuto, con la mirada fija a cada gota que iba cayendo directo a sus venas. Tomó aquella solicitud de la enfermera como una orden suprema pensando que de esa manera mi mamá sanaría. Yo dormía en un rincón de la habitación y cada tanto despertaba y lo veía estoico parado al lado de su compañera… quien nunca más abrió los ojos.

Esa imagen recuerdo y me llena de ternura y de un dolor que tendré plasmada en mi alma toda mi vida, pero fue el ejemplo perfecto de el matrimonio que deseaba en mi vida. Ser la persona más importante para mi pareja después de 40 años juntos. El matrimonio es una montaña rusa, tiene sus altos y bajos y una revolución de emociones, pero si existe amor, respeto y confianza el resto es vyrorei.

Feliz cumpleaños, papá.