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Pabla y Chiruzo

Vivo hace cinco años en el extranjero pero sigo de cerca todo lo que ocurre en mi país. Paraguay está lidiando hace mucho tiempo con un incendio, con varios focos en lo social, económico, educativo, consumiendo y atrasando nuestro hermoso y glorioso país que no se merece tanta indiferencia y abuso de confianza de un pueblo que confió su voto en sus representantes. Los mismos creen que la paciencia del aguerrido pueblo paraguayo es inquebrantable, con memoria corta y perdón infinito. Pero hasta la roca más dura y firme se resquebraja con la insistente gota de agua que con constancia cae sobre la misma logrando con el tiempo colapsarla. Fui testigo de un pueblo chileno harto del mal actuar de sus autoridades, levantándose contra ellos exigiendo sus derechos y más sensibilidad hacia ellos, provocando un histórico estallido social, con más de un millón de personas que salieron a marchar demostrando su descontento y poniendo en jaque a todo el Gobierno. Nuestras autoridades deben tomar esa lección, empezar ya a hacer bien las cosas y dimensionar el poder que tiene un pueblo cuando es consciente de su soberanía.

Ahora estamos con un incendio forestal, el mismo que bien pudo evitarse, así como el del año pasado, consecuencia de la falta de leyes que protejan el medio ambiente y si las hay, que existan las ganas de hacerlas cumplir sin coimas, amiguismos, sin corrupción, sin la humareda del nepotismo envolviendo los puestos claves que deben ser para personas idóneas que velan por nuestros derechos. Estos males anclados en las estructuras de los Gobiernos de turnos son los verdaderos “acelerantes” de un sistema que parece no se detendrá sino hasta vernos reducidos en cenizas.

Pero no todo es malo y en estas situaciones de emergencia nacional queda demostrada una de las mejores características de la gente paraguaya: la solidaridad. Y se hace sentir, no solamente en este incendio forestal, sino también en esta pandemia, así como en las inundaciones tras cada subida del río Paraguay y otras crisis donde el pueblo no dudó en ayudar a su prójimo menos favorecido.

Todo es cuestión de tiempo y como suele decirse: no existe mal que dure cien años. Confío que la situación de mi querido Paraguay mejorará, que saldremos victoriosos y cual ave fénix renaceremos como una nueva sociedad; para lograrlo dependemos de cada uno de nosotros porque Paraguay somos todos y no un puñado de personas que creen que pueden hacer lo que quieran de esta tierra guaraní.

El pueblo paraguayo no es vyrorei.