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Pabla y Chiruzo

Leí una nota, hace unas semanas, sobre una ex vedette argentina en donde ella denunciaba la cuenta de un pedófilo quien acosó a su hija de apenas 9 años en la mitad de su vivo en Instagram. Y surgió un debate sobre la exposición de los mismos en redes sociales a muy temprana edad y de los peligros a los cuales se los exponen. La madre defendía que su hija tuviera la libertad de usar Instagram, con el control debido de ambos padres. También ella planteaba la idea de crear una ley donde se exija registrarse con cédula de identidad en el momento de crear un perfil. Eso último me pareció una buena idea.

Y hace unos días se viralizó también el video de la niña mito, donde ella personificaba al Jasy Jatere en la exposición de su hermana por el Día del Folclore. Hicieron stickers, memes; hasta un motel usó su imagen para hacer una referencia promocional con denotación sexual que por supuesto consiguió el repudio de la gente.

Son dos situaciones diferentes pero convergen en la exposición innecesaria de menores. Vivimos en la era de la revolución de las redes sociales, estamos adictos a los likes y la exposición permanente, buscando la manera de viralizarnos, con el sueño de convertirnos en influencer y muchos arrastran a sus niños a esta dinámica. He conocido pequeños en Instagram y Facebook desde que estaban en la panza de su madre, sus actividades cotidianas en diferentes situaciones, incluso sabía a qué colegio iban, sus diferentes vestuarios y fiestas de cumpleaños. Algunos ya tienen sus propias cuentas en Instagram con apenas días de nacido. Pero, ¿saben a qué lo exponen? Todas las fotografías de nuestros niños que se suben al universo de Internet son para siempre y pueden caer en manos de personas malintencionadas, aprovechadoras, que podrían utilizarlas en cuentas falsas para engaños, páginas de publicidad, memes, y lo peor, en el archivo de un pedófilo que en su soledad las utilizaría para satisfacer sus más bajos instintos, ya sé, es muy fuerte lo último, pero lastimosamente es así, con ese tipo de escoria se podrían topar si subimos fotografías de menores o si dejamos libremente que ellos naveguen por Internet.

Es divertido, hasta tierno ver videos de niños en diferentes situaciones espontáneas; a mí me encantan, pero soy de las que los ven sin malicia y desde una óptica maternal. Pero hay personas que las utilizan como blanco de burlas, bullying y agresiones, que al niño, que no tiene noción de lo que pasa y no sabe cómo manejarlo, puede afectar profunda e irreversiblemente su vida.

Debemos entender que los hijos no son propiedad de los padres. Por lo tanto se debe respetar su derecho a la intimidad y a la no exposición. Son ellos, después de una cierta madurez y de una correcta información de los pros y contras, que decidirán cómo y cuándo involucrarse en el mundo de Internet y las redes sociales. Que si se usan bien son una herramienta valiosa.

En fin, es mi opinión vyrorei.