Sobre cuentas y números…

Por Ing Agr. Carlos M. Rocca

0
261

El otro día, en un bar, me encontré con el Vasco, productor agropecuario de 60 años. Es hijo y nieto de productores agropecuarios. Buenazo el hombre, con unas manos que harían meterle miedo a Mike Tyson, pero un corazón de oro. Siempre con su boina calzada ladeada y su bamboleante andar…
El Vasco me mira de lejos, y con su ronca voz (producto de años de cigarros) y que denotaba una gran alegría, me grita desde la puerta: “INGENIERO!!! ¡¡Qué alegría verlo!!”. Los parroquianos, si bien acostumbrados a la familiaridad del Vasco, se dan vuelta a ver a quién saludaba… y me saludan a su vez, levantando los vasos de tinto.
Lo invito a sentarse y le pregunto el por qué de su gran alegría y me dice bajando la voz: “Ingeniero… no sabe lo BIEN que me fue en esta campaña. ¡Cuatro mil hectáreas de maíz que me rindieron 160 quintales! ¡A tantos pesos el quintal, gano tanto dinero! ¿Cómo no estar contento?”. “Qué bien Vasco, lo felicito…!, pero no ande haciendo alarde que lo agarra la impositiva o algún amigo de lo ajeno y lo despluma!”. “Y por cierto -le pregunto medio en serio, medio en broma-, cuánto ganó al final?”. “¿Eeh?, ¿cómo que cuánto gané?”. Hace la multiplicación y me da la cifra. “Anda flojazo pa’ los números, ¿eh?”, me espeta, y le contesto “no, para nada. Pero una consulta, ¿eso es lo que usted ya tiene? Porque si mal no recuerdo, la vez pasada también andaba exultante por los rindes y los precios, y al final la cosa no le resultó tan buena, ¿no? ¿O se patinó el dinero con la Verónica?”. “¡Ja!, ojalá fuera así. ¿Por qué pregunta? La vez pasada tuve que hace arreglar el tractor, cambié la sembradora, compré otro tractor y la chata ya no daba para más y la cambié por esta otra”, dijo señalando afuera, mostrando su nuevo vehículo. “Bueno, por eso justamente, le pregunto: ¿cuánto ganó en realidad?”, le interrogo. “¿Eeeh?, si me lo pregunta así, me parece que me está queriendo enlazar en algo…”, dice entornando los ojos y ladeando la cabeza. Al tiempo que bajo el vaso de vino le digo “¡naa, pa’ na’! Pregunto… ¿descontó la semilla y agroquímicos y ya le pagó a Rodríguez, de la agronómica? ¿Y canceló la cuenta corriente con Basualdo, el de la estación de servicio que le vende el gasoil? ¿Las amortizaciones de la chata, el tractor y demás aperos? ¿Los gastos de reparación y mantenimiento? ¿Las labores? ¿Ya descontó todo eso?”.
Me mira como no sabiendo si pegarme, irse corriendo o preguntar. Por suerte, elige lo último: “No entiendo na’!! ¿Puede explicarme qué quiso decir?”. “Claro – le digo yo-. Usted produjo cierta cantidad de producto, en cierta superficie y a cierto precio, por lo cual obtiene un valor. Eso no es ganancia”. “¿Cómo que no?”, asegura, “¿si es lo que me pagaron?”. “ Mire, Vasco… el margen bruto es lo que usted recibe, menos lo que le costó producir eso, que viene siendo la semilla, los agroquímicos, fertilizantes, gasoil”, le argumento. “Bueno, sí, hay que restarle eso -me dice medio titubeante-. Igual, ¡es un montón de plata!”. “Sí, por supuesto -le digo, y le remarco: ¿Y las amortizaciones, intereses, los gastos de reparación y mantenimiento, salarios, labores?”.
Ya medio nervioso, dice como defendiéndose y ya poniéndose colorado: “¡Las labores las hago yo, y no me cuestan nada! ¡Y algunos arreglos los hago yo, por lo que tampoco me cuestan nada!”.
A estas alturas ya me había armado de paciencia y luego de un suave resoplido continuo: “Mire, contablemente debe imputar a la producción las horas que usted estuvo en el tractor. Digamos, ¿cuánto le saldría contratar la labor de lo que sea? Bueno, ese es el costo que debe imputarle a la producción, aunque lo haya hecho usted. Lo mismo para las reparaciones: ¿cuánto le cobraría un mecánico por hacer esa reparación? Bueno, es lo que debe pagar la producción”.
El Vasco me observa fijo como estudiándome, se saca la boina, se rasca la cabeza y mira para abajo, tratando de entender por qué yo le complicaba la vida, si recién estaba muy contento con su resultado. “Además -agrego-, ¿cuántas horas usó el tractor y los aperos en esa producción? Bueno, la producción debe pagar por el uso de la maquinaria, la amortización y los intereses”.
Ya muy confundido me dice con voz quebrada: “¡Pero si son mis aperos, mis tractores, mi camioneta! ¿Por qué me debo pagar por usarlos? ¿Usted está loco? ¿Cómo me voy a pagar el arreglo…? ¿Para qué los tengo entonces?”. “Muy sencillo: porque esos aperos tienen un costo, y ese costo es dinero. Usted debe disponer de cierto dinero para repararlos, mantenerlos, cambiarlos, eso es el gasto de reparación y mantenimiento, costo de reposición, y el dinero debe pagar interés. Si usted no hiciera la actividad, ¿tendría esos aperos y maquinarias?”.
El Vasco apura su vino, mueve el vaso como negando lo que digo, me mira condescendientemente, se coloca la boina, se levanta y se va sin saludar y dando un portazo. Me quedo sentado, terminando mi vino.
En otra entrega les cuento qué pasó con el Vasco.

*J.T. P Cátedra de Manejo y Conservación de Suelos
FAUBA
rocca@agro.uba.ar