Espacio Disponible
Inicio Cultura & Arte UN DÍA DIFERENTE

UN DÍA DIFERENTE

 

  RutinaComo todas las mañanas, se dirigió a la parada de ómnibus. Desde que se despertó percibió una rara sensación. Aquel no parecía un día normal o por lo menos él no se sentía normal. Al salir de su casa lo sacudió cierta percepción confirmando lo que advirtió al principio: Algo iba a suceder en ese día o era sólo su parecer. “Algo no está bien”, pensó Ricardo.

  Al subir al colectivo notó que su presunción no estaba del todo errada. Se encontraba parado en ese brete de humanos cuando subió una mujer embarazada y, para sorpresa de Ricardo, un muchacho le cedió inmediatamente el asiento, pero más grande fue su sorpresa cuando la señora en cuestión le dio las gracias con una sonrisa. “Algo no funciona del todo bien”, pensó Ricardo. Escuchó luego que el chofer del ómnibus ‑también con una sonrisa‑ le decía a un pasajero: “No se preocupe, tengo cambio”. Extrañado ante tanta amabilidad existente en aquel recinto, Ricardo miró a su alrededor a cada una de esas caras despreocupadas. Todo estaba tan bien. No era un día cualquiera.

  Al bajar del transporte se dirigió a su trabajo y se acordó que tenía que pagar su cuenta telefónica, así que desvió un poco su camino y se dirigió a la oficina de Copaco. No había mucha gente en el lugar ‑extraño‑, pero ocho personas estaban delante de él formando cola para pagar sus facturas. “La Ley de Murphy”, se dijo con evidente gesto de desaprobación, pero inmediatamente después se abrió otra caja y la funcionaria del lugar, una hermosa pelirroja de ojos azules y de una sonrisa que podía cautivar a cualquier mortal, lo invitó gentilmente a pagar su cuenta. Mareado, Ricardo se señaló a sí mismo con el dedo para saber si era a él a quien llamaba aquella beldad. La funcionaria asintió con la cabeza. Inmediatamente, Ricardo se acercó a la ventanilla y pagó su cuenta, no sin antes mirarla bien a los ojos antes de retirarse. Al percatarse de la nueva ventanilla, algunos contribuyentes se acercaron también para abonar.

  Al salir del edificio, a Ricardo le seguía pareciendo que algo no andaba bien. A pesar de la intensidad del tráfico en el centro, no se escuchaba el ruido ambiental peculiar y ensordecedor de todos los días. No se oían bocinazos ni tampoco estruendos provocados por manifestantes. Vio a un conductor que llamaba a uno de esos tantos niños que limpian los parabrisas para que proceda por el suyo. Se disponía a cruzar la calle cuando observó, junto a él, a un ciego en la vereda. Se encontró en una situación incómoda. Tendría que ayudarlo a cruzar. “No se preocupe, yo lo ayudo”, dijo un muchacho amablemente y tomó al invidente por el brazo. Ricardo sintió cierta vergüenza. Algo no andaba bien aquel día, “o a lo mejor todo funcionaba bien”.

  Al entrar al edificio de su oficina le llamó la atención el perfume agradable del desodorante de ambiente.

Espejismo

  Mientras esperaba uno de los tres ascensores, tomó un chicle de su bolsillo, lo abrió y tiró el papelito en el piso. Recién ahí se dio cuenta de la limpieza del lugar. Ante esto, comenzó a mirar detenidamente las paredes maravillándose de la pulcritud de aquellas. Rápidamente salió del edificio para percatarse de que realmente estaba en el lugar correcto, y efectivamente, era el lugar correcto. Entró nuevamente al tiempo que se abrían las puertas de uno de los ascensores; una hermosa mujer salió de su interior que dejó petrificado a Ricardo. Ésta lo miró de reojo con una sonrisa y él la siguió con la mirada observando sus curvas. Volvió a la realidad y se apuró a atajar la puerta del ascensor para que no se cierre. Estaba ahí adentro solo, pensando en aquella bella “visión” cuando dirigió su mirada al piso y se topó con un billete de 100 dólares. Al principio no supo qué hacer. El ascensor estaba por llegar a destino. Miró para todos lados para percatarse de que la situación no fuera “una joda” para aquellos programas televisivos de humor. Recogió el billete con cierta vergüenza ‑recordó que era la segunda vez que sentía vergüenza en esa mañana‑ y luego se acordó de la chica del ascensor. Se abrieron las puertas, pero inmediatamente cambió de idea y apretó el botón de “planta baja”. Salió corriendo del edificio buscando a la chica y se quedó parado mirando para todos lados con el billete en la mano. Un cambista se acercó preguntando por cambio. Al percatarse, Ricardo le agradeció entrecortado farfullando. Siguió buscando cuando a media cuadra de él la vio a punto de subir a un taxi. “¡Señorita…!”, gritó, pero ésta no lo escuchó. Ricardo comenzó a correr hacia el taxi. “Creo que esto es suyo”, le dijo extendiéndole el billete. La chica, de enormes ojos verdes, lo miró. Ricardo sintió cierto mareo. “Gracias, es usted muy amable y sobre todo, honesto”, le señaló con una cálida sonrisa. Su pollera ondulaba dejando ver parte de sus magníficas piernas. “¿Cómo podría recompensarlo?”, le preguntó. Hinchándose un poco, Ricardo no dudó: “Por ahora diciéndome su nombre y su teléfono.” La dentadura de aquella mujer era perfecta y su sonrisa dibujaba su belleza. “Mónica, y mi número es el 09…”.

Al entrar al edificio de su oficina le llamó la atención el perfume agradable del desodorante de ambiente.

El programa

  Realmente aquel día había sido diferente. Todo lo que hizo en la oficina le salió sin complicaciones. Las cuentas, las llamadas, y su jefe… Ahora que estaba volviendo a casa, se puso a pensar en ello. Ya era entrada la noche y un gato cruzó la calle. Lo primero que haría sería preparar una pizza para celebrar aquel día y luego llamaría a la chica del taxi.

  Al abrir la puerta de su casa, un sobre amarillo estaba en el piso. Sólo decía su nombre: Ricardo. Lo miró detenidamente y lo abrió.

  Arriba, en la esquina izquierda del papel, había un logotipo: “Un Día Diferente”. Leyó la carta: “¡Felicitaciones, usted ha sido elegido para nuestro programa ‘Un día diferente’! Lo que ha experimentado usted hoy, es sólo el comienzo. No dude en experimentar más. Por tan sólo 200 dólares semanales, el programa de ‘Un día diferente’ no sólo incluirá a la exuberante Mónica, gente amable y amistosa, o un día de trabajo liviano; también tenemos servicios de comida puesta en su casa o donde usted lo indique. ¿Necesita relajarse, pasar un día sin las complicaciones de siempre y desprenderse de toda esa rutina pesada y molesta como colectiveros nerviosos, pagos de facturas, gente fuera de sí, jefes insoportables o personas feas a su alrededor? ¡No dude más! ¡Llámenos y organizaremos su vida como usted se lo merece!” A continuación se podía leer un montón de números de teléfonos y otros epítetos más. Ricardo quedó pálido. Durante unos segundos tuvo la imagen de todo lo vivido en ese día, además de Mónica y los 200 dólares. Desechó la idea de la pizza. Mañana volvería a la rutina. Mañana volvería… a la realidad.

Fin

Sourceeee
Artículo anterior¿Qué WhatsApp debo usar?
Artículo siguienteAMANDA
- Advertisment -

Most Popular

Promesas de la campaña electoral de “Marito de la gente”… jijiji

SEGURIDAD: Hará frente al grupo criminal autodenominado Ejército del Pueblo Paraguayo con una intervención logística y proporcionando medios tecnológicos a la Fuerza de Tarea...

ENIGMAS: El Misterioso Origen del Ser Humano – Part. 1 (AUDIO)

En alianza con www.elsemanario.news, Radio KP, tu radio en la web, presenta ENIGMAS… un puente al infinito. Un programa que busca respuestas a lo inexplicable. Fenómenos paranormales,...

ENIGMAS: El Misterioso Origen del Ser Humano – Part. 2 (AUDIO)

En alianza con www.elsemanario.news, Radio KP, tu radio en la web, presenta ENIGMAS... un puente al infinito. Un programa que busca respuestas a lo...

Empresarios de la carne negocian las faenas kosher

Los frigoríficos exportadores están en plena negociaciones con los importadores israelíes para una posible llegada de las cuadrillas de rabinos y comenzar las faenas...

Comentarios recientes