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- por Florencia Viceconte Lavandeira (*)
Florencia Viceconte Lavandeira (*)

Hoy es un GRAN DÍA. Hoy, se cumplen 60 años desde que Jane Goodall llegaba con tan solo 26 años al Parque Nacional de Gombe, en aquel momento la reserva más pequeña al este de la actual Tanzania en África, y Jane llegaba para estudiar a los chimpancés en su hábitat natural. Ella se convertiría en una de las más grandes conservacionistas que conocemos, y para mí y tantos otros, en una heroína.
El 14 de Julio de 1960 desembarcó junto a su mamá sin ninguna formación académica, pero con sus binoculares, su cuaderno y lápiz, su máquina de escribir, su gomita para recoger su cabello y su outfit de safari. Por sobre todo llevaba algo invisible a los ojos: una gran pasión y perseverancia, porque para todo se necesita paciencia.

Como dice nuestra criolla Tortuga Manuelita: «No importa lo despacio que vayas, siempre y cuando no te detengas»

A pesar de que le fue muy difícil en un primer momento acercarse a la manada y se encontró con que los chimpancés le huían una y otra vez durante un tiempo largo, aún así ella siguió. ¿Desde cuándo nos damos por vencidos ante aquello que deseamos?
Yo la entiendo.
Así, un día apareció David Greybeard (chimpancé macho), quien se convirtió en su gran compañero de estudio y quien (creo yo), entendió en su interior, que Jane no iba a atacarlos, iba a protegerlos. Porque todos sabemos que existe un lenguaje universal, un lenguaje que se transmite en el reino de los animales sin necesidad de subtítulos, y ese es el lenguaje del cuerpo. Y David, como lo bautizó Jane, no sintió miedo, él sintió el amor de Jane. Y fue el primero (siempre está el primero que rompe el statu quo y permite el cambio. Así luego de él, todos la aceptaron.
Jane descubrió que los chimpancés rompían tallos para usarlos como herramientas y pescar termitas. Se animó a contradecir a la comunidad científica, que hasta ese entonces afirmaba que solamente los humanos podían crear y utilizar herramientas y que los chimpancés eran vegetarianos. Se animó, primero como mujer, en un momento histórico sesgado por la discriminación de género, y segundo pero no menor, se animó como SER humana a cambiar algo por lo que todos constantemente pasamos: el desafío del cambio.

Porque como dice Einstein: «Si buscás resultados diferentes no hagas siempre lo mismo»

También desarrolló teorías sobre el comportamiento social de estos animales, observó conductas como abrazos, besos, palmadas en la espalda e incluso cosquillas que hasta ese entonces eran consideradas como acciones únicamente “humanas”.
Me gusta pensar. Pienso siempre sobre la actualidad y los desafíos que nos encontramos los jóvenes como profesionales. Hoy con la historia de Jane confirmo que siempre necesitamos alguien que confíe en nosotros. Cuando empezamos, nunca sabemos todo, no podemos contar con toda la experiencia desde el momento cero, pero al igual que Jane podemos contar con pasión, amor, ideales y mucha perseverancia. Es ahí cuando una persona nos tiene que dar una oportunidad, porque así es el ciclo de la vida. Cuando sabemos, enseñamos, y un día no supimos, nos equivocamos y aprendimos de alguien y gracias a alguien. A la larga uno da lo que recibe.
Celebro también al  doctor Louis Leakey  quien sin prejuicios de ningún tipo le dio la posibilidad a alguien. No solo a alguien sino a una mujer, a una mujer que encima no contaba con estudios pero que amaba lo que hacía y que ofreció su honestidad y compromiso que duran hasta el presente y que condujeron a un estudio de 55 años de duración.

WOW!

Una de las herramientas que estoy estudiando en aprendizaje y desarrollo del pensamiento con Melina Furman en el ámbito educativo es generar metas claves que den la oportunidad de pensar y de hacer visible el pensamiento. Una de esas formas es documentar el pensamiento, tal como lo hizo Jane. Sin saberlo, gracias a su curiosidad , Jane siempre contó con una gran inteligencia emocional e intelectual.

“La práctica de observar, registrar, interpretar y compartir a través de una diversidad de medios, los procesos y productos de la enseñanza y el aprendizaje para poder profundizar el aprendizaje en sí. La idea es que deba servir para avanzar y no solo para captar información, incluye discusiones y reflexiones que acompañan esos productos. De esa manera conecta con el acto de escuchar y lo amplía” (Given, Kuh, LeeKeenan et al. 2010:38)

Jane me inspira y me da un lugar para aportar mi granito de arena desde Buenos Aires, Argentina. Yo amo ser voluntaria de su instituto porque doy una vez y recibo mil veces más. Porque comparto, porque soy quien quiero ser, porque celebro con cada proyecto que armamos, con cada pequeño enorme cambio que como equipo logramos y porque tengo en el corazón un grupo de amigos que sueña lo mismo que yo.
Mi primer artículo es para ella, porque somos uno entre todos y somos uno con Jane. Como mujer y agrónoma yo te digo “gracias” , gracias por fomentar los valores políticos de la ecología y el desarrollo sostenible, gracias por fomentar los derechos de las mujeres y la democracia de género.

¡Gracias, Jane!

Los invito a reflexionar y agradecer:
¿Quién te dio tu primer oportunidad? ¿Darías esa oportunidad a alguien más? ¿Anotás lo que pensás? ¿Escuchás y valorás las ideas diferentes o las criticás y las menosprecias? ¿Qué crees que hubiera pasado si nadie escuchaba a Jane y nadie le daba esa oportunidad? ¿Cuánto nos perdíamos como humanidad?

Les comparto unas fotos de mi alegría en el Instituto Jane Goodall Argentina.¡Gracias!
Por supuesto, para preservar la identidad de los menores de edad, es que sus caras están desenfocadas.

(*) Florencia Viceconte Lavandeira
Ing. Agrónoma-Docente-Activista Ambiental
Especialidades: topografía, predios deportivos, agroecología, imágenes satelitales
viceconte@agro.uba.ar