CORONAVIRUS. Imagen del virus que causa COVID-19 (Nexu Science Communication).
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Por un lado el Ministerio de Salud Pública (MSP) anuncia que la persona sana no precisa usar barbijo; en contraste, la Sociedad Paraguaya de Infectología emitió el domingo último un comunicado alertando el uso de mascarilla al salir a la calle –al ir al súper, por ejemplo– ante la circulación comunitaria del coronavirus. “Ambas afirmaciones no se contraponen”, contemporiza el doctor Hernán Rodríguez, director de Vigilancia de Enfermedades Transmisibles del MSP.

Lo primero que hay que tener en cuenta –dice– es el fundamento del uso de la mascarilla: atrapar al virus. “Ahí tenemos dos objetivos: en la persona enferma para que el virus quede atrapado por dentro y no se expanda. Y en la persona sana, para evitar que el virus entre; entonces, el virus queda atrapado en la parte externa de la mascarilla”, explica. Y pone algunos ejemplos: “Si me voy a un lugar donde hay muchos compañeros de trabajo o en un supermercado y no confío prefiero usar la mascarilla; pero es con un fundamento porque voy a estar cerca. Ahora, en mi oficina todos los funcionarios están trabajando en la modalidad virtual; entonces, no hace falta que yo utilice, siempre es con fundamento su uso”, aseveró.

“Si yo no estoy seguro que mi compañero tenga o no (la enfermedad), es mejor usar. Lo que tenemos que hacer es ver el riesgo de que otra persona expulse alguna gotita y tenga contacto con mi boca, mi nariz o mi ojo”, instruye Rodríguez.

No tocar

A su vez, no se trata solo de usar la mascarilla, sino que hay que hacerlo de forma correcta.

“Lo que solemos ver es que el que está usando constantemente toca esa mascarilla. Eso es lo que hay que evitar porque usamos para que el virus quede atrapado en la parte externa de la mascarilla y si estoy tocando constantemente lo único que hago es contaminar mi mano”, advierte el especialista.

Muchos –observa– tocan el mal llamado tapabocas “y luego se tocan el ojo, se acomodan el barbijo, o se colocan debajo del mentón”.

Rodríguez señala que la forma correcta de usar la mascarilla es “colocarse cubriendo la boca y la nariz y después no vuelvo a tocar hasta el momento en que se retira”. Para sacarse, se debe hacerlo por los costados, tomando el elástico, y desecharlas en una bolsita antes de arrojar al tacho de basura.

Todo esto forma parte –dice– de “medidas muy elementales” que hacen al sentido del barbijo y que es atrapar al virus. “El uso depende del riesgo que se tenga ante la cercanía de otra persona. Por eso se hizo la recomendación de evitar la aglomeración de personas porque el riesgo de que una de ellas o varios estén infectados es mayor”, refuerza el doctor.

Inmóvil

“El virus no tiene movilidad propia, no es que se está paseando por el aire”, tranquiliza Rodríguez.

Y recalca que la mascarilla en la persona sana sirve para evitar el virus que está en las gotitas que expulsa el enfermo, “porque habitualmente el virus no está flotando en el aire, salvo excepciones”, apunta e indica que eso se da a nivel hospitalario, donde en ciertas áreas con algunos procedimientos hace que se disperse la secreción. “Pero en la comunidad, habitualmente no. Lo que sí puede haber son personas con síntomas muy leves que pasan prácticamente desapercibidas; entonces, al expulsar esas gotitas (toser o estornudar) y tener contacto con la boca, la nariz o con los ojos de las otras personas pueden infectarlas”, dice.

Cuando se habla de circulación comunitaria –aclara– es porque el virus se encuentra en la persona que porta el virus. Y ahí hay dos variantes: “La persona infectada y la contaminada”.

La primera –señala– puede esparcir el virus no solo con las gotitas sino al tocar con su mano contaminada cualquier objeto o superficie. La segunda es aquella que no está infectada, pero tocó una zona contaminada y puede llevar el virus a donde vaya. De ahí lo crucial de lavarse con agua y jabón de forma constante y debida.