¡Viva nuestro héroe, tumbemos al héroe!

- por Sergio Etcheverry

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Ante un mundo que aparece tan grande, extraño y aterrador, el cachorro humano, probablemente el más carente e inútil, ya de pequeño ansía alguien que lo consuele y proteja.
Y así vamos por el mundo, buscando esas figuras. Nuestros primeros héroes son, frecuentemente, nuestros padres. Luego, los vamos cambiando: algún amigo, alguien cercano o quizás más lejano.
Ya no son tiempos de batallas, así que no hay muchas posibilidades de tener quienes ganen territorios o expulsen a los invasores. En los últimos tiempos, los futbolistas pasaron a ser nuestros héroes. ¿Quién no podría identificarse con esos seres, normalmente provenientes de lugares más carentes que el de uno mismo, que a fuerza de patadas y dientes apretados, logran llegar a un bienestar impensable?
Lamentablemente, en el campo político o del servicio público no abundan los héroes… más bien, todo lo contrario.
Pero igualmente buscamos. Nos aferramos a las figuras que van surgiendo, a los representantes y funcionarios que aparecen como algo digno de resaltar.
Pero así como crea héroes, el ser humano también quiere derribarlos, sentir que no son perfectos, que son uno más. Así, el futbolista idolatrado será borracho o violento (o ambas cosas), el funcionario será incapaz o ladrón (ídem), el político… bueno, ya sabemos.
Muchas veces, no importa la veracidad de lo que digamos: lo que importa es golpear al héroe, bajarlo del pedestal, que vuelva a ser una pobre piltrafa. Otras veces, todo es cierto.
Mazzoleni, el héroe de turno, está en esta etapa ahora. Casi puesto en el Olimpo hace poco más de un mes (hasta hay gente que se tatuó su imagen), lo que aparece como una incapacidad de gestionar administrativamente el ministerio ha funcionado como un ancla difícil de remontar.
De héroe a villano, en tiempo récord. Aunque debemos reconocer que contra “los muchachos”, no hay quien pueda…