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Tres acordes y la verdad. Un aforismo acuñado en los 50 por Harlan Howard que da cuenta de la esencia misma de la música country: sin rodeos, un disparo al corazón, verso-estribillo-verso donde lo que cuenta es el qué, no el cómo. En su cuarto largo como director, el británico Tom Harper hace suya esta inmediatez y la traslada a otra fórmula que, cuando los ingredientes se mezclan en las dosis, orden y tiempo correctos, es a prueba de balas: la feel-good movie.

Y eso es a lo que aspira Wild Rose, un Ha nacido una estrella a la escocesa, con un esperanzador toque de conciencia de clase british de corte Stephen Frears –en las antípodas del punk-social No hay futuro de Ken Loach–, y puntales del género como Billy Elliot en el retrovisor, en el que brilla, magnética, vulnerable, airada, Jessie Buckley. Ella es la razón de que este baile funcione, de que tarareemos situaciones ya vistas (la rica altruista, el pez fuera del agua) o sigamos el ritmo cuando la cinta se atreve a desviarse del camino de baldosas amarillas (la rutina, darse cuenta de que querer no siempre es poder o el choque con su madre, espléndida Julie Walters). Es entonces cuando Wild Rose saca su alma vaquera y da en el blanco.

Título: Wild Rose. Dirección: Tom Harper. Reparto: Jessie Buckley, Julie Walters, Sophie Okonedo, Jamie Sives, Ashley Shelton, James Harkness, Gemma McElhinney. País: Reino Unido. Fecha de estreno: 12-07-2019. Guión: Nicole Taylor.